
El grupo Corazones Inmaculados, integrado por 120 jóvenes, acompaña desde hace tres años a pequeños pacientes de los hospitales Rebagliati y Almenara mediante actividades recreativas, regalos y momentos de compañía.
En medio de los tratamientos y las largas jornadas hospitalarias, un momento de juego, una sonrisa o una palabra de aliento pueden convertirse en un recuerdo especial para un niño. Esa es la misión que, desde hace nueve años, impulsa a los integrantes de Corazones Inmaculados, un grupo de 120 jóvenes voluntarios que dedica su tiempo a acompañar a menores que enfrentan el cáncer.
Durante los últimos tres años, los voluntarios han visitado de manera constante el Hospital Nacional Edgardo Rebagliati Martins, donde recorren los servicios pediátricos para compartir juegos, actividades, regalos y, principalmente, momentos de compañía con los pequeños pacientes y sus familias.

Vestidos con sus característicos polos y chalecos rojos, los jóvenes llegan al hospital con una consigna clara: brindar alegría en medio de un proceso complejo.
“Nuestro objetivo es sencillo pero profundo: regalar un instante de alegría en medio de un proceso difícil”, señaló Luis Vasallo Rivera, organizador de Corazones Inmaculados.
La labor del grupo va más allá de una visita ocasional. A través de su acompañamiento buscan transmitir a los niños un mensaje de cercanía y esperanza, recordándoles que no están solos durante su proceso de recuperación.
Los voluntarios también realizan actividades en el Hospital Nacional Guillermo Almenara Irigoyen, donde su presencia contribuye a humanizar los espacios hospitalarios y genera momentos significativos para los menores, sus familiares y el personal de salud.

Un voluntariado que deja huella
Con una labor basada en la solidaridad y la vocación de servicio, Corazones Inmaculados ha convertido el voluntariado hospitalario en una forma de acompañamiento y apoyo emocional para los niños que atraviesan una etapa especialmente difícil de sus vidas.
En ese sentido, EsSalud destacó y agradeció el compromiso de los jóvenes voluntarios, quienes, mediante pequeños gestos de generosidad, contribuyen a hacer más llevadera la experiencia hospitalaria de los pacientes pediátricos.

La institución resaltó que iniciativas como esta demuestran que el acompañamiento, la empatía y la solidaridad también forman parte del cuidado integral de los pacientes.
Cada juego, regalo o palabra de aliento representa, así, mucho más que un momento de distracción: es una manera de llevar esperanza a quienes más la necesitan.
